LIBRO BLANCO: EVALUACIÓN DOCENTE
En el trabajo de clase sobre el libro blanco de la profesión docente, a mi grupo nos tocó reflexionar sobre la parte dedicada a la evaluación docente.
En el libro blanco se plantea que en España no existe una cultura de evaluación educativa, considerando además, que es algo que no goza de una buena imagen por parte de la comunidad educativa. Se plantean dos grandes preguntas: ¿quién se encarga de evaluar? y ¿qué criterios se siguen para ello?
En el texto, se plantean los siguientes parámetros esenciales:
a) El análisis del portfolio del docente. Recomendamos, como ya se indicaba en la Estrategia de Lisboa, la utilización del Portfolio del Docente, documento personal donde se recoja la formación reglada o no reglada del docente, sus conocimientos, logros, proyecto, actividades profesionales y todo aquello que pueda tener relevancia para conocer su competencia profesional.
b) El progreso educativo de los alumnos, que debe poderse seguir introduciendo también el portfolio escolar o algún otro procedimiento que recoja adecuadamente la evolución del alumno.
c) Observación del docente en el aula.
d) Evaluación de los resultados del Centro. Para algunos expertos, lo importante es que sea evaluado el Centro entero, no un profesor aislado. Estos son los criterios fundamentales, que pueden ser completados con los siguientes.
e) La opinión de los alumnos medida con cuestionarios debidamente estudiados.
f) Relación del docente con las familias de los alumnos.
g) Participación del profesor en actividades del Centro.
h) Evaluación por parte del claustro.
También se indica que estos parámetros deben ser adaptados a las condiciones de dificultad del centro y de su entorno. Está claro que muchos de los factores a analizar tienen que ver con el alumnado y su nivel socioeconómico; no puede ser lo mismo los resultados del progreso educativo del alumnado en un centro de difícil desempeño que en uno que tiene históricamente resultados de excelencia. También estaría por determinar cómo se articula en la evaluación la separación entre centros públicos-concertados y privados.
Parece complicado llegar a un consenso en este tema, pero considero que para poder tomar medidas eficaces es necesario implementar procesos de evaluación que nos aporten información fiable sobre lo que sucede, y no únicamente manejar grandes cifras que no nos dicen nada sobre posibles soluciones. Una opción podría ser establecer un primer nivel de evaluación en los propios centros en los que se evaluara las principales carencias de los mismos, por ejemplo divididos en grandes áreas, metodologías pedagógicas (incluyendo la innovación educativa y nuevas tecnologías), participación de las familias y rendimiento del alumnado (incluyendo el fracaso escolar y el absentismo). La opinión del alumnado debería verse reflejada también, ya sea mediante cuestionario o mediante la participación de representantes de los mismos en los informes evaluativos, al igual que el conjunto de la comunidad educativa. Y todo ello debería concretarse en medidas para la mejora del desempeño del centro, cosa que no puede suceder sin la existencia de medios por parte de la administración, ya sea para la mejora de equipamientos, formación, o la estabilidad del personal docente, sin la cual es complicado que un proyecto de centro sea exitoso, si cada año cambia de profesorado. Podría ser más fácil de implementar a nivel colectivo partiendo del proyecto de centro que meramente individual por cada profesional, estableciendo cuáles son los puntos fuertes y cuáles las debilidades, dónde se necesita un refuerzo e identificando las posibles soluciones de manera conjunta.
Para ello, haría falta que desde la administración se facilitasen metodologías evaluativas, que estas sean fruto inicialmente de comités formados por expertos en el tema, pero también por miembros de la comunidad educativa y no de espaldas a ellos, y que sean testados de manera científica, para que no queden en un mero formalismo que los centros cumplimenten justificando su positivo desempeño.
El peligro de este tipo de procesos es que terminen en un conjunto de trámites y papeles a cumplimentar que no cristalicen en ninguna actuación de mejora real. Para evitarlo resulta fundamental que la evaluación se plantee en positivo, como algo que puede ayudar a cada centro a mejorar en aquello que le es necesario en función de su contexto particular. Por eso, la introducción de mecanismos de evaluación debería ir de la mano del compromiso de la administración de dar respuesta a las necesidades que se planteen, si no, es más que probable que quede relegado a un proceso burocrático más.
Os dejo una imagen de un cuadro de Waterhouse de Pandora abriendo la caja...

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