ESTADO DE LA EDUCACIÓN EN ESPAÑA EN UN CONTEXTO GLOBALIZADO
En los últimos años en España hemos visto como desde los distintos gobiernos se ha tratado de mejorar o controlar, (según quién lo cuente), el sistema educativo, con la publicación de distintas leyes educativas que nunca gozan del consenso necesario para pervivir en el tiempo y por tanto, comprobar los efectos que esa nueva legislación provocan, incluso sin llegarse a aplicar algunas medidas, como es el caso de las reválidas de la llamada Ley Wert.
Otro de los condicionantes de la educación en nuestro país es la pertenencia a la Unión Europea y nuestra adhesión, por tanto, a las estrategias aprobadas por la Comisión Europea, que desde posiciones críticas se tildan de demasiado economicistas, tratando de ajustar el sistema educativo al mercado laboral y sus necesidades de cada momento. En cualquier caso, entre los objetivos europeos de educación en la década 2021-2020 estaban mejorar los niveles de educación, en concreto, reducir el abandono escolar a menos del 10% e incrementar al 40% el porcentaje de población entre 30 y 34 años que finaliza los estudios de enseñanza superior o equivalente.
Miremos los datos para España:
Un 27,7% de los jóvenes españoles de entre 25 y 35 años no pasa de la Educación Secundaria Obligatoria. La media de los países de la OCDE es del 14,2%.
Casi un 50% de las personas entre 25 y 35 años tienen un título terciario (universitario o de FP de grado superior).
https://www.educacionyfp.gob.es/inee/indicadores/indicadores-internacionales/ocde.html
Estos datos reflejan una elevada desigualdad; sí que alcanzamos los objetivos de población con estudios superiores (entre los que destacan las mujeres), pero dejamos atrás a muchas personas jóvenes que engrosan las cifras de fracaso escolar. A esto habría que añadir que el gasto en educación en nuestro país es mucho más bajo que en otros países con menores índices de desigualdad; en España se invierte en torno al 4% del PIB, cuando en los países nórdicos este porcentaje es de en torno al 7%.
Numerosos estudios muestran que el fracaso escolar está relacionado con el estatus socioeconómico de las familias, incidiendo en su rendimiento académico, por lo que el sistema educativo reproduce estas desigualdades. ¿Cómo podemos por tanto, incidir en el fracaso escolar únicamente a través de políticas educativas? Desde mi punto de vista, si queremos un cambio real y no modestas mejoras conseguidas a través del intenso trabajo de los profesionales de los centros educativos, es necesario que se incida en políticas globales en busca de la reducción de la desigualdad.
Además, es necesario que se mejoren los recursos con los que se cuenta en los centros educativos para la atención a la diversidad, ya que por mucho que desde las escuelas se detecten dificultades en algunos estudiantes en momentos tempranos, si no se dedican los recursos suficientes para revertir esa situación difícilmente puede llegar solucionarse. Para ello se deben activar otros recursos que incluyen el ámbito social del alumnado, no únicamente desde el centro educativo; ahí es donde el trabajo interdisciplinar, incluyendo la pedagogía, psicología y el trabajo social, puede conseguir intervenciones integrales y de trabajo con las familias que repercutan realmente en su situación socioeconómica y se pueda llegar a obtener resultados en el rendimiento escolar.
Por último, no puedo terminar sin recalcar que la valoración social del profesorado es imprescindible, con unas condiciones laborales justas por el trabajo que realizan y medios que les permitan hacer frente a los cambios en las metodologías de trabajo, la diversidad del alumnado, tanto materiales como formativos.

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