COMUNIDADES DE APRENDIZAJE ¿UTOPÍAS?
Comunidades de aprendizaje, aprendizaje dialógico...el conocimiento parte de manejar las palabras que utilizamos en un determinado ámbito, así que para comenzar, ¿qué significan estos términos?
Las comunidades de aprendizaje son modelos educativos que se basan en los principios de inclusión, igualdad y diálogo.
Su fundamento conceptual está refrendado por las conclusiones del Proyecto INCLUD-ED, desarrollado por la Comisión Europea justamente para identificar y analizar estrategias educativas que ayuden a superar las desigualdades y mejoren los resultados de aprendizaje. Así, las prácticas identificadas como de éxito, cuentan con el aval de la comunidad científica internacional, se han puesto en marcha en múltiples países, con lo que su eficacia está probada en muy diferentes contextos.
En cuanto al aprendizaje dialógico, es aquel que incluye el diálogo entre todos los que conforman una comunidad, sin tener en cuenta las jerarquías, teniendo en cuenta la diversidad y con un enfoque que incluya resolver situaciones que impacten en el bien común.
La definición que aparece en la página oficial de las comunidades de aprendizaje es la siguiente:
“El Aprendizaje Dialógico se produce en diálogos que son igualitarios, en interacciones en las que se reconoce la inteligencia cultural en todas las personas y que están orientadas a la transformación de los niveles previos de conocimiento y del contexto sociocultural para avanzar hacia el éxito de todas y todos. El aprendizaje dialógico se produce en interacciones que aumentan el aprendizaje instrumental, favorecen la creación de sentido personal y social, están guiadas por solidaridad y en las que la igualdad y la diferencia son valores compatibles y mutuamente enriquecedores.”
Los resultados obtenidos en estas propuestas van encaminados a la mejora del desempeño del alumnado, mejora del clima y la convivencia, aumento de la participación y mejora de las condiciones de vida de la comunidad.
Aquí en Valladolid tenemos dos centros que han incorporado esta experiencia, el IES Leopoldo Cano y el CP MIGUEL ISCAR. En el IES Leopoldo Cano, por lo que he podido leer, han incorporado tres actuaciones de éxito:
Grupos interactivos en algunas asignaturas.
Participación de voluntariado en las aulas.
Lecturas dialógicas para generar relaciones y vínculos entre las personas: con grupos de exalumnado, profesorado y familias.
Los grupos interactivos consisten en una forma de organización del aula, agrupando a los alumnos de un aula en subgrupos de cuatro a cinco, de la forma más heterogénea posible (género, idioma, motivaciones, nivel de aprendizaje y origen cultural). Cada grupo tiene asignada una persona adulta que puede ser de la escuela o una persona voluntaria de la comunidad o su entorno, para favorecer las interacciones.
Se preparan tantas actividades como grupos, y los grupos cambian de actividad cada 15 o 20 minutos. Los alumnos resuelven la actividad conjuntamente, a través de un diálogo igualitario, asegurándose por parte del adulto que todo el grupo participe.
Estas son algunas de las actuaciones de éxito, pero existen otras que se pueden consultar en la página de comunidades de aprendizaje.
Actualmente, este tipo de modelos educativos se aplican en centros con problemáticas específicas fundamentalmente, que para mejorar sus resultados cambian sus metodologías, sin embargo, no son aún una realidad extendida. Depende de cada centro y su proyecto educativo, el avanzar hacia prácticas más inclusivas y activas o mantener metodologías más tradicionales.
Tampoco
podemos olvidar el muy comentado asunto de los recursos disponibles,
ya que trabajar con voluntariado no siempre es una opción, y para
poner en práctica metodologías de tipo cooperativo, se hace
imprescindible o bien contar con más docentes en el aula o reducir
los grupos para que sea manejable. Y es que, para dar la vuelta a las formas de trabajar, sería recomedable transformar también las estructuras
clásicas de los centros,ya que en muchas ocasiones todas estos cambios vienen dados gracias al trabajo, el compromiso y la implicación de los docentes.
Y aprovechando que hablamos de posibles utopías, os recomiendo esta lectura, Utopía no es una isla de Layla Martínez, que nos recuerda que ante futuros inciertos como el nuestro, hubo gente que decidió trabajar por el cambio. El futuro está por escribir, así que mejor que imaginar distopías apocalípticas, trabajemos por lograr utopías y para ello, tenemos que empezar por imaginarlas.
¿Conocéis algún otra experiencia de comunidades de aprendizaje?

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