TRASTORNO BIPOLAR
Hoy voy a hablar de un trastorno del estado de ánimo, el trastorno bipolar.
Es una condición de salud mental que supone experimentar cambios de ánimo inusuales y se caracteriza por la transición de episodios maníacos y depresivos de manera cíclica.
Los adolescentes que sufren este trastorno a veces se sienten muy felices y animados y son mucho más activos que de costumbre y otras veces se sienten tristes y deprimidos y son mucho menos activos. Esto puede hacer que tenga dificultades en la escuela o para llevarse bien con sus amistades y familiares.
Sentirse muy alegres o animados
Sentirse muy nerviosos, alterados, o ansiosos
Hablar muy rápido de muchas cosas distintas
Estar inquietos, irritados, sensibles o agresivos
Tener problemas para relajarse o dormir
Creerse capaz de hacer muchas cosas a la vez
Estar más activos de lo usual
Hacer cosas arriesgadas, como gastar mucho dinero o tener sexo sin cuidado alguno
Los que sufren un episodio depresivo pueden:
Sentirse muy deprimidos o tristes
Sentirse preocupados y vacíos
Tener problemas para concentrarse
Olvidarse mucho de las cosas
Perder el interés en actividades antes consideradas divertidas
Sentirse cansados o sin energía
Tener dificultad para dormir
Pensar en la muerte o el suicidio
¿Cómo se diagnostica este trastorno?
A veces este diagnóstico puede ser complicado, confundiéndose con otras enfermedades mentales. El tratamiento puede ayudar a controlar los síntomas y funciona mejor cuando es continuo y no es interrumpido.
Estas oscilaciones y cambios de humor pueden generar dificultades en los procesos de enseñanza-aprendizaje de estos alumnos y su integración y convivencia en el aula. Para ayudarlos, se debe prestar atención a su comportamiento, poniendo en marcha estrategias que favorezcan su integración y minimicen las consecuencias de determinados comportamientos.
Algunas recomendaciones son:
Recibir formación o información acerca de la enfermedad.
Establecer confianza y dar seguridad al alumno.
Estar familiarizado con él, conocerle, esto ayudará a reconocer los síntomas y cómo le afectan.
Tener mucha paciencia y comprensión.
Ser comprensivo respecto a sus episodios anímicos.
Animarlos a hablar y escuchar detenidamente.
Ayudarlo a que se divierta.
Ayudarlo a entender que el tratamiento y la terapia pueden ayudarle a mejorar.
Mantener una buena comunicación con la familia: tener a menudo reuniones con ellos para saber cómo evoluciona, saber qué mediación toma y cuando, si cumple sus horarios de descanso...
Ayudarle a cumplir con los horarios y las normas y, sobre todo, con la organización de su agenda y de sus tareas.
Es posible que se tengan que hacer ciertas adaptaciones curriculares para ayudar al alumno a realizar su trabajo.
Si el trastorno bipolar es grave, debe ser atendido por personal capacitado específicamente para este tipo de casuísticas.
Cuando hablamos de salud mental y el estigma que supone, las escuelas juegan un importante papel en el apoyo a su alumnado y la creación de un ambiente seguro para ellos. Por ello es importante trabajar con el alumnado en general para que se abandonen los estereotipos sobre salud mental, creándose reflexiones sobre ello. Es necesario normalizar el hablar sobre estos temas para que los prejuicios desaparezcan, también los nuestros como docentes. El que se hable de salud mental puede marcar la diferencia entre que una persona busque ayuda o no se atreva a hablar de lo que le está pasando. No olvidemos también los datos de suicidios entre los jóvenes, que puede llegar a ser una consecuencia de trastornos como el explicado en este post. Sobre esto, os recomiendo leer la entrada del blog de Laura, porque hay temas de los que nadie quiere hablar, pero eso no hace que desaparezcan.

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